Lo que dicen los datos
Cada vez que alguien habla de tecnología y construcción, la frase de arranque es la misma: es el sector que menos se ha digitalizado. Y los números, a primera vista, lo confirman.
La encuesta del INE sobre el uso de tecnologías en las empresas, publicada en octubre de 2025, sitúa a la construcción por detrás de la industria y de los servicios en casi todo. Usa inteligencia artificial el 11,4 % de las empresas de construcción con diez o más empleados, frente al 21,1 % del total. Vende por internet el 6,8 %, frente al 26,6 %. Paga servicios en la nube el 35,4 %, frente al 44,3 %.
No es un dato aislado. El Observatorio Industrial de la Construcción publicó en 2023 un informe sobre el sector y las tecnologías de la información en el que la construcción aparecía en el último puesto del índice de digitalización del ONTSI, con las pymes a la cola. Y a escala mundial, McKinsey calculó en 2017 que la productividad del trabajo en construcción había crecido alrededor de un 1 % al año durante dos décadas, frente al 2,8 % del conjunto de la economía. En su índice de digitalización, la construcción quedaba la última en Europa.
La productividad del trabajo en construcción creció en torno a un 1 % anual durante dos décadas, frente al 2,8 % de la economía mundial, y el sector ocupaba el último puesto en Europa en el índice de digitalización de McKinsey Global Institute.
Fuente
McKinsey Global Institute: Reinventing construction through a productivity revolutionInforme de febrero de 2017.
https://www.mckinsey.com/mgi/our-research/reinventing-construction-through-a-productivity-revolution
Con todo esto, la conclusión parece fácil: a la construcción le falta tecnología. Creo que está mal planteada.
Lo que esos datos no miden
Estas encuestas preguntan por la nube, por el comercio electrónico, por el software de gestión o por la IA. No preguntan cuántas fotos de avance se mandan al día, cuántas notas de voz cruzan un fontanero y un electricista o cuántos cambios se cierran con el cliente por chat a las diez de la noche.
Y ahí la foto cambia por completo. Según el Estudio de Redes Sociales 2025 de IAB Spain, WhatsApp es la red más usada en España: la utiliza el 92 % de los usuarios de redes sociales de entre 12 y 74 años, y el 96 % de ellos la abre cada día. En una obra no es una red social. Es la herramienta de trabajo.
El 92 % de los usuarios de redes sociales en España usa WhatsApp, y el 96 % de ellos lo abre a diario. Es la plataforma más usada del país según el Estudio de Redes Sociales 2025 de IAB Spain.
Fuente
IAB Spain: Estudio de Redes Sociales 2025Publicado el 28 de mayo de 2025. Universo: internautas de 12 a 74 años.
https://iabspain.es/estudio/estudio-redes-sociales-2025-iab-spain/
Un reformista lleva el móvil en la mano todo el día. Manda fotos del avance, pide material al proveedor por mensaje, coordina al alicatador con una nota de voz y negocia con el cliente por chat. Todo eso es digital. Solo que no aparece en ninguna estadística de digitalización, porque nadie lo cuenta como tal.
Lo que cuenta el informe de Leonard y Zacua
En junio, Leonard, la plataforma de innovación de Vinci, publicó junto al fondo Zacua Ventures y Last Week in Contech un informe sobre la tecnología para la construcción en Latinoamérica. Mapean más de 250 startups en un mercado que estiman en unos 709.000 millones de dólares, y hablan con constructoras, inversores, fundadores y universidades.
A mí lo que más me interesa no es el mapa de startups. Es el retrato del día a día que hay debajo. El informe describe empresas que funcionan con Excel y procesos manuales, compras que se cierran por teléfono y por relación personal, y una comunicación de obra que depende casi por completo de WhatsApp y de las llamadas. Llega a decir que el móvil con WhatsApp se ha convertido en la plataforma sobre la que funciona la obra.
Se podría pensar que eso es cosa de otro mercado. El propio informe responde a esa objeción: los problemas de fondo, como los sobrecostes, la baja productividad y los datos dispersos, son universales. Lo que cambia de un país a otro es la velocidad de adopción. Y si quitas el nombre de la región, ese retrato describe muy bien a buena parte de los profesionales con los que hablo en España: autónomos y pequeñas empresas de reformas, instaladores, equipos de rehabilitación.
Por qué no prende la tecnología en la obra
Si el sector está en el móvil todo el día, ¿por qué no adopta herramientas de gestión? Las fuentes coinciden bastante en el diagnóstico.
En el informe del Observatorio Industrial de la Construcción, las empresas señalaban como principales frenos la falta de presupuesto (49,1 %) y la falta de personal con las competencias necesarias (42,2 %). Solo una de cada diez daba formación en tecnologías a su plantilla. El informe de Leonard y Zacua añade que la mayoría de las constructoras no tiene un departamento ni un proceso para evaluar tecnología nueva, y que la rotación de personal dificulta formar a nadie en herramientas nuevas.
Mi lectura es que el problema no es que el profesional sea reacio a la tecnología. Ya la usa más que casi nadie. El problema es que buena parte de las herramientas están pensadas para una oficina que una empresa de tres personas no tiene. Si un programa necesita un curso, una persona dedicada a meter datos o que el cliente se descargue otra aplicación, en una obra pequeña no dura un mes. WhatsApp gana porque no pide nada de eso: es gratis, no hay que aprender a usarlo y el cliente ya está ahí.
Dónde se pierde el dinero
Un ejemplo que vemos una y otra vez. El cliente escribe: «Ya que estáis, ¿me cambiáis también el plato de ducha?». El profesional contesta: «Sin problema». Ese mensaje es un modificado. Tiene un precio, un plazo y un efecto en el margen. Pero se queda en el chat, enterrado entre cuatrocientos mensajes, y nunca llega al presupuesto. Al final de la obra nadie recuerda qué se dijo, y el extra se regala o se discute. Lo explico con más detalle en cómo se gestiona un modificado de obra.
Hay un detalle del informe de McKinsey que me parece revelador. Explica que en las grandes obras hay constructoras que ganan concursos con precios bajos y recuperan el margen después, a base de modificados y reclamaciones. En la obra pequeña pasa justo lo contrario. El modificado es el sitio por donde el profesional pierde margen, porque se acuerda de palabra o por chat y nunca se cobra.
En Spun tenemos una convicción que repito a menudo: en una obra, el dinero rara vez se pierde por no tener herramientas. Se pierde por lo que no se ve a tiempo. El extra que nadie apuntó. La desviación que se descubre al preparar la última factura. El acuerdo con el gremio que no quedó escrito en ningún sitio. Es lo que cuento en desviaciones de obra y cómo evitarlas.
Lo que pensamos en Spun
El informe de Leonard y Zacua apunta en una dirección que comparto. Dice que la próxima ola de herramientas para la obra va a ser de móvil, nativa de WhatsApp y pensada para la voz. Recoger avances, fotos y notas de voz por los canales que la gente ya usa, y dejar que la IA pase de guardar información a actuar sobre ella.
Estoy de acuerdo con el diagnóstico, pero discrepo en un matiz. El valor no está en recoger más información de la obra. El profesional ya genera muchísima. El valor está en conectar la que ya existe con el dinero: que el cambio que se acordó por chat acabe en el presupuesto, y que lo que está en el presupuesto acabe en la factura. Si no, tendremos obras con más datos que nunca y el mismo margen que se escapa.
Una obra no la hace una persona. La hacen el profesional, sus proveedores, sus gremios y su cliente. Lo que de verdad importa pasa entre ellos, y por eso tiene que quedar registrado y conectado. Cuando cada uno guarda su parte en su propio chat, nadie tiene la foto completa, y quien paga los huecos casi siempre es el profesional.
Tampoco creo que la solución sea pedirle a nadie que deje WhatsApp. Lo va a seguir usando, y hace bien: su cliente está ahí. La tecnología tiene que ir a donde ya trabaja el profesional, no al revés.
Aquí la IA va a ser clave, porque es lo que permite que un mensaje suelto o una nota de voz se conviertan en una línea de presupuesto sin que nadie tenga que pasarla a mano. Eso responde también a los frenos que señala el Observatorio: si la herramienta no exige formación ni una persona dedicada, la falta de tiempo y de perfiles técnicos deja de ser un muro. Pero la IA es el cómo. El titular es otro: que no se te escape el extra y que el cliente vea por escrito lo que ha aceptado.
En Spun lo planteamos así. El presupuesto, organizado por capítulos, es la referencia de toda la obra. El cliente lo acepta por escrito, y la factura sale de ese mismo presupuesto, sin volver a teclear nada. Todo lo que se acuerda fuera de ese circuito es dinero en riesgo.
Sospecho que la productividad del sector no va a mejorar el día que las empresas de construcción tengan más software instalado. Va a mejorar el día en que lo que se habla en la obra se convierta en lo que se cobra sin escribirlo dos veces.
Qué haría yo mañana
Si llevas tus obras por WhatsApp, que es lo normal, esto es lo que yo haría a partir de mañana. No requiere cambiar de herramienta:
- Contesta cada cambio con precio y plazo. Antes de escribir «sin problema», responde algo como: «Te lo cambio. Son tantos euros y un día más. ¿Te parece bien?». Ese «sí» del cliente, por escrito, vale más que cualquier software.
- Repasa los chats una vez por semana. Diez minutos por obra para pasar al presupuesto todo lo que se acordó fuera de él.
- Haz del presupuesto aceptado la única referencia. Si algo no está ahí, todavía no está cobrado.
- Prueba cualquier herramienta nueva en una sola obra y durante una semana. Si en esa semana no te quita trabajo, no te lo va a quitar nunca.
- Desconfía de la herramienta que te da más trabajo del que te quita. Si te pide más pantallas de las que te ahorra, no es para ti.
Preguntas que me hacen
Preguntas frecuentes
¿Está poco digitalizada la construcción en España?
Según las estadísticas, sí. El INE sitúa el uso de inteligencia artificial en el 11,4 % de las empresas de construcción con diez o más empleados, frente al 21,1 % del total. Pero esas cifras no miden el móvil. Los profesionales de obra usan la mensajería, las fotos y las notas de voz todo el día. Lo que falta no es digitalización, sino conexión: lo que se acuerda por chat rara vez llega al presupuesto y a la factura.
¿Por qué le cuesta tanto a la construcción adoptar tecnología?
Las empresas del sector señalan sobre todo la falta de presupuesto y de personal con las competencias necesarias. A eso se suma que muchas herramientas están pensadas para una oficina con personal dedicado, algo que una empresa pequeña de reformas no tiene. Las que funcionan son las que se adaptan a cómo ya se trabaja en la obra.
¿Sirve WhatsApp para gestionar una obra?
Sirve para comunicarse, y el cliente ya está ahí. No sirve como registro: los acuerdos se pierden entre mensajes y no están conectados con lo que se cobra. Lo práctico es seguir usándolo y pasar cada cambio aceptado al presupuesto.
¿Para qué le sirve la IA a un profesional de reformas?
Para quitarle trabajo, no para añadirle pantallas. Su mayor utilidad está en convertir la información que ya genera, como mensajes, fotos o notas de voz, en presupuestos, modificados y facturas, sin tener que pasarlo todo a mano.
Alberto, fundador de Spun
¿Lo que acuerdas con tus clientes se queda en el chat?
En Spun, el presupuesto que acepta tu cliente es la base de la factura. Lo acordado queda por escrito y conectado con lo que cobras.